Cuidarás tu presentación día a día. Arréglate como si
fueras a una fiesta. ¿Qué más fiesta que la VIDA! El
buen gusto es gratuito, no cuesta nada. Que al verte
se alegren tu espejo y los ojos de los demás.
No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada
de jugar al enclaustrado o al preso voluntario.
Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua
estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
Amarás el ejercicio físico como a ti mismo. Una
caminata razonable, por lo menos abrir la puerta,
regar las rosas, contestar el teléfono, cualquier
movimiento que te despegue de la cama y del sillón. Contra
inercia, diligencia.
No hablarás de tu vejez ni de tus achaques. Acabarás
por creerte más viejo, más viejo y enfermo de lo que
en realidad estás. Y te harán el vacío. A la gente no
le gusta oír historias de hospital. Cuando te pregunten:
¿Cómo estás?, contestarás que divinamente.
Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal
tiempo, buena cara. Sé positivo en los juicios, de
buen humor en las palabras, alegre de rostro, amable
en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez
no es cuestión de años sino un estado de ánimo. El corazón
no envejece, el cuerpo es el que se arruga.
Tratarás de ser útil a ti mismo y a los demás. No eres
un parásito ni una rama desgajada del árbol de la
vida. Bástate hasta donde sea posible. Y ayuda con
una sonrisa, un consejo, un servicio. Al abrirte a los demás,
dejaras de estar pensando en un “yo” angustioso y solitario.
Solo cuando se abre la nuez aparece la almendra.
No pensarás que “todo tiempo pasado fue mejor”.
Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo
tu momento. No digas a cada palabra “las cosas
andan mal, allá en mi tiempo…”. Positivo siempre, negativo
jamás. El anciano debiera ser como la luna, un cuerpo opaco
destinado a dar luz.
Sor Josefina Castro Vizoso
Presidenta de Honor de la Asociación