
Begoña Artigas
Psicóloga SanitariaColabora con el Programa de Atención Psicológica a Enfermos y Familiares de la Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada y Provincia.
Al mirar lo vivido durante julio y agosto, es fácil comprobar que no todos los veranos tienen la misma forma. Algunos traen rapidez, otros más calma. Algunos se viven con planes, encuentros o cambios de ritmo; otros piden ajustar expectativas, cuidar la energía o adaptarse a lo que cada momento permite.
No hay una única manera correcta de vivir el verano. A veces esperamos que sea una época especialmente tranquila, alegre o llena de momentos agradables, pero la vida real suele ser más amplia y variada. También en verano puede haber preocupaciones, cansancio, revisiones, responsabilidades o situaciones inesperadas.
Cuando una persona convive con una enfermedad cardíaca, esta mirada realista puede ser especialmente importante. No para limitar la vida, sino para comprender que cada etapa necesita encontrar su propio equilibrio entre el cuidado, el descanso, las actividades posibles y aquello que ayuda a seguir adelante.
Este verano, en Granada muchas personas han vivido momentos de inquietud por los movimientos sísmicos de agosto. No todas lo habrán vivido igual, pero situaciones así nos recuerdan que el entorno también influye en cómo nos sentimos: puede remover cierta sensación de seguridad y activar preocupación, tensión o necesidad de buscar información con más frecuencia.
Desde la psicología sanitaria sabemos que las emociones no aparecen aisladas de lo que vivimos. Reconocer estas reacciones no significa alarmarnos más, sino poder poner palabras a lo ocurrido y darnos un tiempo para recuperar calma y estabilidad.
En personas con enfermedad cardíaca, una situación inesperada puede hacer que preste más atención a su cuerpo o que algunas sensaciones generen más dudas de lo habitual. En esos momentos, puede ser útil no quedarse a solas con la preocupación y apoyarse en los profesionales sanitarios de referencia cuando algo resulte especialmente inquietante, persistente o difícil de interpretar.
Del mismo modo, si el miedo, la tensión o la vigilancia corporal se mantienen en el tiempo, la atención psicológica sanitaria también forma parte del cuidado integral, ayudando a poner palabras a lo vivido, recuperar confianza y volver poco a poco a la calma.
Retomar lo cotidiano puede ayudar a recuperar cierta estabilidad, siempre que no lo vivamos como una carrera para “ponernos al día”. Después de un verano distinto, de preocupaciones acumuladas o de momentos de incertidumbre, puede ser más amable reorganizar poco a poco algunos horarios, rutinas y actividades, preguntándonos qué necesitamos cuidar ahora y avanzando con responsabilidad, sin exigirnos hacerlo todo perfecto.
Una pequeña reflexión
Al cerrar este tiempo de verano y volver poco a poco a lo cotidiano, puede ser útil preguntarse:
- ¿Cómo llego emocionalmente a este momento?
- ¿Qué me ha dejado este verano que necesito reconocer?
- ¿Hay alguna preocupación o inquietud que todavía necesite atender?
- ¿Qué rutinas pueden ayudarme a recuperar estabilidad?
- ¿Qué necesito cuidar ahora, sin exigirme más de lo necesario?
No siempre podemos elegir lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero sí podemos intentar reconocer cómo nos afecta, buscar apoyo adecuado y retomar el día a día con una mirada más comprensiva.
Después del verano, volver a lo cotidiano también puede ser una forma de cuidado: recuperar estructura, escuchar lo que necesitamos y empezar de nuevo, poco a poco, de una manera posible.
Os deseo una vuelta tranquila a lo cotidiano, cuidando también, como siempre, vuestro bienestar psicológico.

